Un hombre baja de un autobús, mira a su alrededor y ve a
una mujer sonriendo desde un café. Él se congela con esa sonrisa y piensa que
es su oportunidad para hablarle a una mujer. Él era muy tímido pero ese día
sentía que iba a ser el mejor.
Cruza la calle sin darse cuenta que están a punto de
atropellarlo.
“Hola, soy Felipe, ¿tú cómo te llamas?, Hola, soy Felipe,
¿tú cómo te llamas?, Hola, soy Felipe, ¿tú cómo te llamas?” repetía cada vez
que daba un paso en cruzar la calle, habrá dado unos 20 pasos y faltaban otros
20 para llegar a la mesa de aquella chica sonriente.
—Hola, ¿tienes facebook?— le dice Felipe tan rápido que ni
él entendío qué dijo—yo sí y quería agregarte y ahí platicamos y después
podemos salir, ¿Qué te parece?—le propuso a la chica.
La sonrisa que tanto le había gustado a Felipe se borró, al
igual que todo a su alrededor. La imagen comenzó a verse granulada, como cuando
una televisión pierde señal.
Felipe se quitó sus gafas; se había ido el internet y sin
éste sus gafas de realidad virtual ya no servían.
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